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Tres historias para padres

¿Somos pobres?

Una vez el padre de una familia muy rica llevó a su hijo a pasear por el campo, con el propósito de que su hijo viera cuán pobres eran esos campesinos.
Pasaron un día y una noche completos en la destartalada casita de una familia muy humilde. Cuando regresaban a su casa en su lujoso automóvil, el padre le preguntó a su hijo: — Hijo, ¿qué te ha parecido— ¡Muy bonito, papi! — ¿Viste qué tan pobre puede ser la gente? — ¿Y... qué aprendiste, hijo? — insistió el padre. — Vi — dijo el pequeño — que nosotros tenemos un perro en casa, ellos tienen cuatro.

Nosotros tenemos una piscina que llega hasta la mitad del jardín, ellos tienen un arroyo que no tiene fin. Nosotros tenemos unas lámparas importadas en el patio, ellos tienen las estrellas. El patio de nosotros llega hasta la pared junto a la calle, ellos tienen todo un horizonte de patio. El padre se quedó mudo ... y su hijo agregó: — Gracias, papi, por enseñarme lo pobres que somos.



Papá ... yo quiero ser como tú

Mi hijo nació hace pocos días, llegó a este mundo de una manera normal... Pero yo estaba de viaje ... ¡tenía tantos compromisos!
Mi hijo aprendió a comer cuando menos lo esperaba, y comenzó a hablar cuando yo no estaba... ¡Cómo crece mi hijo! ¡Cómo pasa el tiempo! A medida que crecía, mi hijo me decía:— ¿Papá, algún día seré como tú? ¿Cuándo regresas a casa, papá?
— No lo sé, hijo, pero cuando regrese, jugaremos juntos; ya lo verás. Mi hijo cumplió diez años hace pocos días y me dijo: — ¡Gracias por la pelota, papá!, ¿quieres jugar conmigo? — Hoy no hijo; tengo mucho que hacer.
— Está bien papá, otro día será.
Se fue sonriendo, siempre en sus labios las palabras: «Yo quiero ser como tú».
Mi hijo regresó de la Universidad el otro día, todo un hombre. — Hijo, estoy orgulloso de ti, siéntate y hablemos un poco.
— Hoy no papá, tengo compromisos. Por favor, préstame el auto para visitar a algunos amigos.
Ahora ya estoy jubilado, y mi hijo vive en otro lugar. Hoy lo llamé: — !Hola hijo, ¿cómo estás? ¡Me gustaría tanto verte! – le dije.
— Me encantaría, padre, pero es que no tengo tiempo. Tú sabes, mi trabajo, los niños... !Pero gracias por llamar, fue increíble oír tu voz!
Al colgar el teléfono me di cuenta que mi hijo había llegado a ser como yo ...


Llevando paquetes
Aprendiendo a cargar paquet“Se te olvidó, papá, enseñarme a llevar paquetes. ¿Cuándo se contó conmigo en casa? ¿Cuándo tuve que recoger a mis hermanos del colegio? Ayer mandaste al chofer a hacer mis trámites para la Universidad. Se te olvidó, papá, dejarme pagar mi colegiatura. ¿Cuándo tuve que lavar el coche los domingos y arreglar el jardín, recoger las hojas y sacar al perro y lustrar mis zapatos? ¿Por qué no me mandaste a comprar las medicinas a la farmacia o recibir el gas y pagarlo? En vacaciones, ¿por qué no fui a la fábrica a empacar zapatos? ¿Por qué no escogía yo mi ropa y la cambiaba, si no me gustaba?

¿Por qué no compré yo solo algo que me gustaba, sin que tú me dijeras qué comprar?
Mamá, ¿por qué me dejabas sin ir a comprar leche cuando yo me negaba?. ¡Se te olvidó ser firme y mandarme, mamá! Más fácil que el chofer y las sirvientas hicieran bien las cosas y sin riesgos, ¿por qué no se arriesgaron a dejarme llevar un paquete? Se les olvidó enseñarme a ser hombre.

Ya a los 18 años se me caen las manos. A mí también me da vergüenza. Fíjate que en la Universidad nombraron a Roberto delegado del grupo. Dicen que tiene responsabilidad. A Juan lo nombraron coordinador de la excursión del profesor de Historia. Y recibe las cuotas y da los avisos. Y a Robles lo nombraron capitán y está uniformando a su equipo. Consiguió él mismo el 25% de descuento en los uniformes. Pero Robles desde chico lava el coche de su casa y arregla el jardín, y Roberto recoge a sus hermanas aunque llueva o tenga mucha flojera. Y a tu hijo lo dejaron sin paquete. Dicen que no tengo responsabilidad.


Se te olvidó, papá, enseñarme desde chico a cargar paquetes y llevarlos aunque llueva, o tuviera flojera, o me enojara y les dijera que eran injustos. Se te olvidó contar conmigo. No quisiste arriesgar un poco. No me diste confianza gradualmente. No me fuiste dejando paquetes a la medida de mis 5, 9, ó 12 años. Y mi voluntad se quedó raquítica con tantos pretextos, al sentirme yo un niño que no debía hacer nada. Por favor, papá y mamá, enseñen a Arturo mi hermano de 8 años a llevar paquetes número 8, y a Adriana, de 9, sus paquetes de 9.

Y no tendrán que decirles: “Eres un niño y un irresponsable con 18 años encima”. Y llegará el momento en que sepan llevar paquetes número 25 y 40. Dicen que son paquetes: la vida, la familia, las relaciones con los demás, el colegio, el trabajo y la profesión. Y tantos paquetes tirados en la calle ... ¿Cuántos se cayeron de las manos con vergüenza? No se les olvide, papás, de entrenar a ser hombre a Arturo y mujer a Adriana. Y no es tarea fácil, no es sólo asunto de cargar paquetes, sino saberlos llevar bien, con cuidado, amor y responsabilidad. Para que no haya tantos paquetes tirados en la calle. Porque aun sin entrenamiento tendrán que cargar sus paquetes del número 20, 30 y 50.”

Cómo pudiera



Cómo pudiera preguntarte mis dudas
y reconocer tus consejos
en dias de problemas.

Cómo quisiera sentarme en aquella mesa
y ensimismarme en los cuentos
de aventuras que contabas
que enseñabas el pasar de tu juventud,
como el viento atravieza el llano
marcando huellas en la tierra.

Cómo pudiera llorar frente a tu tumba
si con el tiempo se secaron mis lágrimas
y ahondaron mis sentimientos.

Cómo quisiera observar el reflejo de tu cara
sonriente en el agua del rio
donde todos los fines de semana
nos reuníamos
a disfrutar de tu compañía.

Cuanto quisiera contarle al viento, al llano
y las praderas,
cada una de tus enseñanzas,
que como el eco viaja a traves del tiempo.

Cómo quisiera decirte Feliz día del padre!,
padre mío, si no estas presente
auque siempre te llevo
dentro de mi corazón.

~© Rafico ~

Si no tengo padre



Cada día a quién pediré
¡"bendición" contento.

Al levantarme cada mañana.
Cada noche al acostarme.
¿a quién besar las manos?
¡Bendición!
¿A quién y cuándo?...

Cuando llego al salir de la escuela,
a mi casa cada tarde...
Donde mis hermanas
se pelean, juegan, se desvisten,
"hambre" gritan y corren
cuando llego en la tarde.

Con mi bulto, llego de escuela
sucio, "rotoso", ansioso y cansado,
cada tarde
¡Yo no sé a quién besar las manos!
¡Yo no sé a quién pedir:
Bendición!
cuando llego a "las casas"
más triste, cada tarde.

Cuando llego, está mi madre
"trabajando".

Está en la calle.
Cuando regreso de la escuela
triste, fatigado, con hambre,
cada tarde,
¿a quién pediré:
¡Bendición!

¿Ni a las casas llegar yo quiero?
Sí, me dan ganas, me dan ¡tantas ganas
de llorar!

¡Está trabajando mi...madre!
Hasta la noche, cada día, todos los días,
hasta tarde.
¿Dónde haré las tareas?
En la calle.

Yo quiero, quiero yo
besar las manos.
Yo no sé a quién pedir:
¡Bendición!
¿A quíen y cuándo?

Cuando llego a "las casas",
-llego fatigado-
sin ganas voy llegando,
retardando las ganas.
Sucio y cansado llego.
Atormentado.

Quisiera bañarme.
El agua en la cañada está enlocada.
El agua baja infecta.
Para bañarme tengo que ir muy lejos,
en la noche, cuando llega mi madre.
Con taparas, voy al río a bañarme.

Traré un perol, d
os peroles,
llenitos de agua, para que se bañe mi madre

Mi amigo el venadito, el catire Carlos,
el negro, Felipe, Juan, el saino,
el cunaguaro, Pedro, Pablo, el largo
el feo Judas, y Lina, la cachimba
me convidan con cambures y mangos.
Pero, ¿a quién pedir:
Bendición?

Jugamos con mamones a metras, a manchas,
junto al patio, "el loco";frente a la bodega
"el guapo el barrio" bajo el puente,
en la quebrada, cerca "el" río, cada tarde.
Sin pedir, -¿a quién?-
la bendición cada día, cada tarde.

Con trapos, papeles, cartones,
envases vacíos de cuarticos, sucios,
hacemos pelotas.

Con cualquier palo logramos un bate.
¡El lote es tan chico!
para jugar beisbol, junto a la calle.
Cantamos jonrores cuando la pelota
"dentra" en la bodega a tumbar envases.

Y se enoja Antonio el pardo.
El partido se acaba cuando la pelota
cae al río.
"Fúrico", enojado, el jorovadito
nos regaña.

Yo quiero regresar a casa.
Quiero pedir como tantos niños:
¡Bendición!
¿A quién, si no hay nadie?

Ya se viene, ya llega, el "Cohete Gringo"
con carga de papas,mandarinas, auyamas,
yuca, pimentones, ajises dulces,
jojotos, ñame,
"Pa" que el bodeguero nos dé unos centavos
"tuitos" "apuraos" bajamos la carga.
Nos regala un fresco,y más apuraos
limpiamos la calle de latas, botellas,
de conchas, de...casi cada tarde...

¡Otra vez cansado!
En la noche, noche, quiero revolcarme,
echarme a dormir y antes pedir ¿a quién?
¡Bendición! antes de acostarme.

¡Sin bendición, a revolcarme!
¡Maldición cada día!
¡Maldición cada noche!
Mi madre trabaja en la calle.

Cuando en la mañana,
al "pararme"hallo algún guarapo
que apresta mi madre antes de acostarse
'apurao' lo tomo, corro hacia el kiosco,
"pa" vender diarios.
¡Sin la bendición
que no me da nadie!
¡Qué pena ser huérfano!

Con mi blue jean sucio,
mi franela rota, las cholas de dos colores,
salgo apuradito, en el nombre de Dios,
con pena a la calle. sin comer la arepa
para ir a la escuela en la tarde.

A la escuela, al colegio...cada tarde...
Sin besar la mano a nadie.
¿A quién pedir:
¡Bendición!?
si no está mi madre!
Si no tengo padre!

¡Mal padre,
¡Tan triste que niegues
Bendición al hijo!
¡Mal padre! ¡Mal padre!
Despojo de ti mismo.
Sembrador de barrigas, sin cuidar a nadie,
sin cuidar de nadie, sin amar a nadie.

Huyendo de todo en la realidad.
Huyendo de ti
¡Ruin! ¡Cobarde!
¡Busca a tu hijo!
¡Búscalo! ¡Mal padre!
¡Tu hijo te espera!
¡Abraza a tu hijo!
¡Besa a su madre!
¡Bendice a tu hijo!

Y sabrás
¡Qué bueno es ser padre!
Sentirás ¡Qué dicha
al besar al hijo que te llama Padre!!!



~Juan Morera Peralta~

Carta a mi hija


http://anaferra.com/Graficos/Fondos/05_fam_padre03.jpg

Querida hija mía:

escucha las instrucciones de la prudencia, y permite que los preceptos de la verdad se hundan profundamente en tu corazón; así los encantos de tu mente darán brillo a la elegancia de tus formas, y tu belleza, como la rosa a la cual se asemeja, conservará su dulzura después que se haya marchitado.

En la primavera de tu juventud, en la mañana de tus días, cuando los ojos de los hombres te miren con placer y la naturaleza murmure en tu oído el significado de esas miradas; escucha con cautela sus palabras seductoras, cuida bien tu corazón, y no prestes oído a su voz suave y persuasiva.

Recuerda que eres la compañera razonable del hombre, no la esclava de su pasión; el propósito de tu ser no es simplemente el de complacer su desenvuelto deseo, sino el de ayudarlo en los trabajos de la vida, el de consolarlo con tu ternura y el de recompensar sus atenciones con amable solicitud.

Querida hija: supérate a ti misma día tras día, instrúyete, trabaja. Aprende algo nuevo cada día. Nunca digas mañana, ahora es el momento. Nunca digas después, puede ser tarde. Deja huella al morir, cumple tu misión en esta vida. Dios te dio inteligencia, úsala. Dios te dio corazón, ama. Tienes un par de brazos firmes, úsalos.

Suma tu perdón con el olvido a fin de que des una lección de paz a tus ofensores; entonces serás simple como una niña. Resta tu altanería y enciende la antorcha de la humildad para alumbrar tu noche y extinguir las tinieblas de tu orgullo; entonces serás una mujer digna. Multiplica tu fe para que construyas un mundo de luz donde la maldad no tenga lugar para vivir; entonces serás buena como una santa. Divide el amor entre tus semejantes dando la mayor parte a los que te quieren mal; entonces serás grande como Dios.

Si fracasas, no culpes a nadie. Tú misma tomaste tus decisiones, tus ojos ven las cosas que quieres ver, tus oídos oyen las cosas que quieres oír, tu lengua dice las cosas que quieres decir. Creaste tu propio mundo, por eso nunca culpes a nadie de tus dificultades. Sufre tus dolores, tus esperanzas y tus errores, con entereza y dignidad. No pidas piedad ni indulgencia, no mendigues palabras de consuelo. Saca fuerzas de tus flaquezas y no te consideres vencida mientras corran gotas de sangre por tus venas.

Si caes, levántate... y sigue. Algunos corazones tienen miedo de la vida y no se atreven a intentar la conquista de la felicidad que va acompañada de dificultades. No se quiere cortar la rosa por temor a pincharse. Se quiere la rosa ya cortada y sin espinas. Solamente los corazones valientes tienen la audacia de llevar a cabo tales conquistas, que cuestan, es cierto, pero que se hallan enriquecidas con todo lo que han costado.

Sólo hay un camino entre un millón, y ese es el tuyo. Por lo tanto siempre debes tener presente que un camino es sólo un camino. Si crees que no debes seguirlo, no debes quedarte en él bajo ningún concepto. Cualquier camino es tan sólo un camino. No es nada afrentoso para ti ni para los demás el no seguirlo si eso es lo que te aconseja tu corazón, pero tu decisión de perseverar en la senda elegida o abandonarla, debe estar libre de miedo o ambición. Medita sobre tu camino tantas veces como creas preciso. Pregúntate a solas lo siguiente: ¿tiene un sentido esencial este camino? Lo importante es que para ti tenga un profundo sentido.

No respondas a un hombre cuando está irritado; aléjate de él, busca para ti el silencio. Habla suavemente a quien te ha hablado con ira, porque las palabras suaves son una medicina para su corazón. Aléjate del hombre pendenciero, no dejes que se adueñe de tu corazón y no lo tomes por compañero. Hazte amigo del hombre recto y justo.

Finalmente hija, que en tu vida haya vibrante entusiasmo para seguir adelante, bastantes problemas para mantenerte fuerte, grandes penas para mantenerte humana, infinita esperanza para mantenerte feliz, rotundos fracasos para mantenerte humilde y firme decisión para hacer que cada día sea mejor que ayer.

Feliz el hombre que te haga su esposa, y feliz el niño que te llame madre.

No te metas en mi vida

http://blog.pucp.edu.pe/media/709/20070713-ex-autochromatic-original.jpg

Recuerdo una ocasión en que escuché a un joven decirle a su padre: ¡No te metas en mi vida!

Esta frase caló hondamente en mí, tanto, que muy frecuentemente la recuerdo en la relación de padres e hijos y me imagino siendo yo aquel padre y lo que le respondería a mi hijo: Hijo, yo no me meto en tu vida... ¡Tú te has metido en la mía!

Hace ya más de 30 años, gracias a Dios, y por el amor que papi y mami nos teníamos, llegaste a nuestras vidas. Ocupaste nuestro tiempo, durante casi los nueve meses enteros. Mamá se sintió mal, no podía comer, todo lo que comía lo devolvía, y hasta tuvo que guardar reposo. Yo tuve que repartirme entre las tareas de mi trabajo y las de la casa para ayudarla. Ya no podíamos ir a todas las reuniones, no frecuentábamos tanto a los amigos, de hecho de muchos de ellos nos separamos por tu causa.

Los últimos meses, antes de que llegaras a casa, mamá no dormía y no me dejaba dormir, nos teníamos que despertar temprano para ir a trabajar. Sin embargo yo me esforzaba por ser paciente y ayudar a mamá a que se sintiera mejor, para que tú estuvieras bien. Los gastos aumentaron increíblemente, tanto que gran parte de lo nuestro se gastaba en ti: en un buen médico que atendiera a mamá y la ayudara a llevar un embarazo saludable, en medicamentos, en la maternidad, en comprarte todo un guardarropa. Mamá no podía ver algo de bebé, que no lo quisiera para ti: una cuna, un coche, todo lo que se pudiera con tal de que tú estuvieras lo mejor posible. Ni siquiera me di cuenta cuándo dejé de comprarme cosas para mí, y tú sabes que los equipos de fotografía son mi delirio.

Llegó el día en que naciste, hay que comprar algo para darle de recuerdo a los que vengan a conocer al bebé, hay que adaptarle un cuarto al bebé, -dijo mamá-. Desde la primera noche no dormimos. Cada tres horas como si fueras una alarma de reloj nos despertabas para que te diéramos de comer, otras te sentías mal y llorabas y llorabas, sin que nosotros nos sintiéramos tranquilos, pues a veces no sabíamos qué te sucedía y hasta llorábamos contigo. Todas las enfermedades te dieron y nosotros tuvimos que suspender muchas de nuestras salidas... Mamá ya estaba muy bien arreglada para ir a alguna reunión (después de meses de no salir), yo estaba a punto de pasar por ella y me llamaba: cambio de planes, el niño tiene temperatura, no podremos ir.

Empezaste a caminar, yo no sé cuándo hemos tenido que estar más detrás de ti, si cuando empezaste a caminar o cuando creíste que ya sabías. Ya no podíamos sentarnos tranquilos a leer el periódico o a ver la televisión, porque para cuando acordábamos, te perdías de nuestra vista y teníamos que salir tras de ti para evitar que te lastimaras.

Todavía recuerdo el primer día de clases, cuando no fuimos al trabajo, ya que tú en la puerta del colegio no querías soltarnos para entrar, llorabas y nos pedías que no nos fuéramos. Tuvimos que entrar contigo al colegio, y pedirle a la maestra que nos dejara estar a tu lado ese día en el salón para que fueras tomando confianza. Después de tanta confianza que tomaste, hasta te olvidaste de nosotros. La mayoría de las veces no sólo ya no pedías que no nos fuéramos, sino que te olvidabas de despedirte cuando bajabas del auto corriendo para encontrarte con tus nuevos amiguitos. Del colegio, recibíamos muy seguido notas: no hace caso, es indisciplinado, pelea con los demás, no quiere hacer sus tareas, se la pasa en los baños, rayó la libreta de su compañerito, se lastimó un pié, o se rompió una mano.

Fuiste creciendo y contigo fueron creciendo las aventuras. La vecina un día se acercó para decirnos: su niño rompió un cristal de mi casa con una pistolita de balines. Constantemente mamá tenía que estar acomodando las mismas cosas de tu cuarto (incluso fuera de él), pues ella las arregla un día y al otro tenía que volverlo a hacer pues ya estaban desordenadas nuevamente.

Seguiste creciendo, querías ir muy aprisa, te urgía conocer todos los lugares de diversión de la ciudad; apenas tenías 13 años y ya querías ir a todas las fiestas de tus amigos que cumplían 15. Ya no querías que te lleváramos a tus reuniones, nos pedías que una calle antes te dejáramos y pasáramos por ti una calle después. No querías llegar temprano a casa, te molestabas si te marcábamos reglas, no podíamos hacer comentarios acerca de tus amigos, sin que te volvieras contra nosotros, como si los conocieras a ellos de toda la vida y nosotros fuéramos unos perfectos desconocidos para ti. Préstame el auto, nos decías, y nos sentíamos los peores padres del mundo por no hacerlo. Otras, lo tomabas sin permiso.

Cada vez sabemos menos de ti por ti mismo, sabemos más por lo que oímos de los demás. Dices que nada más te regañamos o hacemos comentarios negativos, y todo lo que hacemos está mal. Con tantos "supuestos defectos" te hemos podido dar lo que hasta ahora tienes. ¿Seremos tan tontos y torpes como seres humanos? Mamá se la pasa en vela, y de pasada no me deja dormir a mí diciéndome que no has llegado y que es de madrugada. Sólo me buscas cuando hay que pagar algo, o necesitas dinero para la escuela, o salir; o peor aún, te buscamos nosotros, cuando tenemos que llamarte la atención.

Por eso estoy seguro que ante estas palabras: "¡No te metas en mi vida!", los padres podemos responder: Hijo, yo no me meto en tu vida, tú te has metido en la mía, y te aseguro, que desde el primer día, hasta el día de hoy, soy el hombre más feliz, porque sólo los padres que saben meterse en la vida de sus hijos, logran hacer de éstos, hombres y mujeres de bien.

Hijo, valora a tus padres, si ellos no son perfectos, tú tampoco lo eres, y si no, espera un poco a que lleguen los críticos más implacables de tu vida: tus propios hijos.

Canciones para el día del padre

Ese señor de las canas


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Vicente Fernández
Ese señor de las canas

Nadie sabe cuánto tiempo
traía cargando amarguras,
cómo recuerdo a mi viejo
y sus tantas aventuras.
Se le volvieron los años,
en su rostro, una madeja,
y transformó su sonrisa,
tan sólo por una mueca.

Si encuentras en tu camino
a un hombre que va llorando,
dile que a diario en mis rezos
su nombre voy pronunciando,
por señas, tiene ojos tristes,
herido su corazón,
es alto y de pelo blanco,
su mirada es puro amor.

"Ese señor de las canas,
en las buenas y en las malas,
siempre supo responder,
fue pobre, allá por su infancia,
tuvo un poco de ignorancia,
pero, pero la logró vencer."

Si encuentras en tu camino
a un hombre que va llorando,
dile que a diario en mis rezos
su nombre voy pronunciando,
fue andador de mil veredas,
de pueblos, y calles viejas,
ahí quedaron sus años,
ahí acabaron sus penas.

Cuando quería ser grande

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Vicente Fernández
Cuando quería ser grande

Se van perdiendo en el tiempo mis años,
se van quedando muy lejos,
ya no me lleva mi padre en la mano,
solamente sus consejos.
Viven en mí los recuerdos de niño,
cuando una estrella deseaba,
cómo recuerdo a mi padre,
que con eso sonreía,
mientras mi madre miraba.

Años que vienen despacio primero,
con qué lentitud avanzan,
cómo quería ser grande, recuerdo,
para no quedarme en casa,
y acompañar a mi padre muy lejos,
tal vez hasta el fin del mundo,
porque mi padre era fuerte,
era muy inteligente,
era mejor que ninguno.

Hoy ya no quiero que pasen los años,
porque mi padre ya está viejo,
se le han cubierto de arrugas sus manos,
y de nieve sus cabellos.
Oh, Señor, detén el tiempo, te pido,
porque Tú puedes hacerlo,
porque yo en verdad, no entiendo, Dios mío,
por qué se nos va lo bueno.

Cuando se cansen un día tus pasos,
yo quiero ser quien los cuide,
mientras tanto dame el brazo,
y vamos a ver, a ver qué vas a decirme...

Gigante chiquito

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Sergio Denis
Gigante chiquito

Amigo, querido, gigante, chiquito,
cuánto amor, cómo te quiero, hijo mío,
mírame siempre a los ojos,
que en tus ojos me miro.

Amigo, querido, travieso, bandido,
yo soñé que eras mi sueño, hijo mío.

Ayúdame,
a entender la vida,
a querer ser bueno,
ayúdame,
a creerte siempre,
a escucharte siempre,
a entender...

Ayúdame,
a pintar tu mundo
de un amor profundo,
ayúdame,
a llenar la casa
de luz, de esperanza,
ayúdame.

Amigo, querido, tan tierno, tan mío,
tan feliz de que seamos amigos,
llévame siempre en tu alma,
que tu alma es mi abrigo.

Ayúdame,
a entender la vida,
a querer ser bueno,
ayúdame,
a creerte siempre,
a escucharte siempre,
a entender...

Ayúdame,
a pintar tu mundo
de un amor profundo,
ayúdame,
a llenar la casa
de luz, de esperanza,
ayúdame.

Mi querido, mi viejo

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Roberto Carlos
Mi querido, mi viejo

Esos tus cabellos blancos, bonitos,
ese hablar cansado, profundo,
que me lee todo lo escrito,
y me enseña tanto del mundo.

Esos pasos lentos, que ahora,
caminando siempre conmigo,
ya corrieron tanto en la vida,
mi querido, mi viejo, mi amigo.

Esa vida llena de historias
y de arrugas marcadas por el tiempo,
recuerdos de antiguas victorias,
son lágrimas lloradas al viento.

Tu voz dulce y serena me calma,
y me ofrece refugio y abrigo,
va calando dentro de mi alma,
mi querido, mi viejo, mi amigo.

Tu pasado vive presente
en las experiencias sentidas,
en tu corazón confidente
de las cosas bellas de la vida.

Tu sonrisa franca me anima,
tu consejo sabio me guía,
abro el corazón y te digo
mi querido, mi viejo, mi amigo.

Yo, te he dicho casi todo,
y casi todo es poco,
frente a lo que yo siento,
mirando tus cabellos tan bonitos,
abro el corazón y digo
mi querido, mi viejo, mi amigo.

Mirando tus cabellos tan bonitos,
abro el corazón y digo
mi querido, mi viejo, mi amigo.

Mirando tus cabellos tan bonitos,
abro el corazón y digo
mi querido, mi viejo, mi amigo…

Mitad tú mitad yo-Paco Stanley

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Paco Stanley
Mitad tú, mitad yo

Quiero ver jugueteando
por las piezas y patios,
un muñeco de carne,
mitad tú, mitad yo.

Que lleve en sus cabellos
el color de tu pelo,
y en sus ojos de cielo,
la mirada piadosa que Dios te regaló.

Quiero ver en mi casa
ahora, y siempre, y por vida,
un muñeco de carne,
mitad tú, mitad yo.

Que lleva en sus manitas
la seda de tus besos,
y en su boca el perfume
que tu seno le dio.

Quiero ver que me quiere,
que me busca, me espera,
quiero sentir su abrazo
cuando me vea llegar.

Quiero que diga cosas,
y me cuente mentiras,
quiero que me consuele
cuando me vea llorar.

Puedo, después, morirme,
sabiendo que te queda
un muñeco de carne,
mitad tú, mitad yo.

Que lleva en sus manitas
la seda de tus besos,
y en sus ojos de cielo,
la mirada piadosa que Dios te regaló.

El padre


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Paco Stanley
El padre

Oye negra, ¿te puedo hablar?
Ya los chicos se han dormido,
así que, así que deja el tejido
que después te equivocas.

Hoy te quiero preguntar
por qué motivo las madres
amenazan a sus hijos
con ese estribillo fijo
de ¡Ah, cuando venga tu padre!

Y con tu padre de aquí,
y con tu padre de allá,
resulta de que al final,
al verme llegar a mí,
lo ven entrar a Caín,
y escapan por todos lados.

Y yo, que vengo cansado
de trabajar todo el día,
recibo de bienvenida
una lista de acusados.

Tú empiezas con tus quejas
y yo tengo que enojarme,
igual que hacía mi padre
al escuchar a mi vieja;
entraba a fruncir la ceja
apoyando a ese fiscal,
que en medio del temporal
se erigía en defensora,
lo mismo que tú ahora,
que siempre me dejas mal.

Si los perdono, ¡qué ejemplo!
¿es así como los educas?
Si los castigo, ¡eres bruto!
¡no tienes sentimientos!

A mí, a mí que llegué contento,
y no tuve más remedio
que poner cara de serio
y escuchar tu letanía.

A mí, a mí que me paso el día
pensando en jugar con ellos.
Yo sueño en llegar a casa
y olvidarme felizmente
del trabajo, de la gente,
y de todo lo que pasa.

Los hijos son la esperanza
y el por qué de nuestras vidas.
Por eso nunca les digas:
¡ah, cuando venga tu padre!

No quiero encontrar culpables,
quiero encontrar alegría,
que no me pongas de escudo
como lo hacía mi madre,
que consiguió que a mi padre
lo imaginara un verdugo.

Él llegaba, y te aseguro,
que se acababan las risas,
y en lugar de una caricia,
o hablarle como a un amigo,
lo miraba compungido
presintiendo una paliza.

Y el pobre, que me entendía,
sacudiendo la cabeza,
escuchaba con tristeza
lo que mi madre decía,
y que él, y que él de sobra sabía:

"Que con éste no se puede,
que me pinta las paredes,
que trajo las suelas rotas,
que la calle, la pelota,
que me saca canas verdes..."

¡A la cama sin cenar!
Aburrido me ordenaba,
mi madre me consolaba,
y yo, y yo lo culpaba a él,
a él que había llegado
recién de trabajar, cansado,
y ya lo había yo amargado
con todas mis travesuras.

Los hijos nunca analizan
el sentimiento del padre,
porque el brillo de la madre
es tan fuerte, que lo eclipsa.

Sólo le hacemos justicia
cuando nos toca vivir
a nosotros su problema.

¡Ay, si mi padre viviera!
¡qué recién lo comprendí!
¿Y por qué nunca me dijo
lo mucho que me quería,
si hoy yo sé cuanto sufría
al ver enfermo a su hijo?

¿Por qué me miraba fijo
el primer pantalón largo?
Y sé, y sé que, hasta me habrá besado
cuando yo estaba dormido.

Hoy que todo lo comprendo,
¿por qué no estás a mi lado?
¿Por qué no estás ahora
para besarte bien fuerte,
viejo lindo, y ofrecerte
mi cariño a todas horas?

Ves a tu hijo que llora,
pero llora con razón,
porque te pide perdón
pensando en aquellos días,
en que ciego no veía
que eras puro corazón.

Déjame, negra, que llore,
¡es tan lindo desahogarse!
En fin, veamos,
veamos qué hacen
nuestros futuros señores.

Mira esos pantalones...
Tápale un poco a la nena.
Sí, sí, ya sé, no me lo digas,
hoy se fue a la calle sola...

Acuéstate, rezongona,
mañana, mañana será otro día.

Aquella caricia de otoño

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New Trolls
Aquella caricia de otoño

Cuando volvía mi padre sonaban sus pasos,
abandonaba mis juegos por ir con él,
y me escondía en las sombras del verde manzano,
y le retaba a buscarme, "encuéntrame..."

Luego a la cama en sus brazos después de la cena,
y una caricia de otoño mientras se iba,
yo me quedaba en tinieblas temblando de miedo,
pero los hombres no lloran, y menos yo.

¿Dónde está el pasado que fue,
aquella fuerza que sentía nacer en mí?
¿Dónde está, dónde puedo encontrar
esa caricia de otoño,
aquel deseo de aventura,
aquella vida que ya no está?

Aquellos días de invierno se hacían eternos,
preguntando a mi madre dónde estás tú,
siempre la misma pregunta "¿dónde estás tú?"
esa sombra en sus ojos al contestar,
y comprendía esa triste mirada en mi madre,
me decía "él ya no está...",
sólo podía decir que me faltas tú.

¿Dónde está el pasado que fue,
aquella fuerza que sentía nacer en mí?
¿Dónde está, dónde puedo encontrar
esa caricia de otoño,
aquel deseo de aventura,
aquella vida que...?

¿Dónde está el pasado que fue,
aquella fuerza que sentía nacer en mí?
¿Dónde está, dónde puedo encontrar
esa caricia de otoño,
aquel deseo de aventura,
aquella vida que ya no está?

The living years

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Mike & The Mechanics
The living years

Every generation
blames the one before,
and all of their frustrations
come beating on your door.

I know that I’m a prisoner
to all my father held so dear,
I know that I’m a hostage
to all his hopes and fears,
I just wish I could have told him
in the living years.

Crumpled bits of paper,
filled with imperfect thought,
stilted conversations,
I’m afraid that’s all we’ve got.

You say you just don’t see it,
he says it’s perfect sense,
you just can’t get agreement
in this present tense,
we all talk a different language,
talking in defence.

Say it loud, say it clear,
you can listen as well as you hear,
it’s too late when we die
to admit we don’t see eye to eye.

So we open up a quarrel
between the present and the past,
we only sacrifice the future,
it’s the bitterness that lasts.

So don’t yield to the fortunes,
you sometimes see as fate,
it may have a new perspective
on a different day,
and if you don’t give up,
and don’t give in,
you may just be ok.

Say it loud, say it clear,
you can listen as well as you hear,
it’s too late when we die
to admit we don’t see eye to eye.

I wasn’t there that morning
when my father passed away,
I didn’t get to tell him
all the things I had to say.

I think I caught his spirit
later that same year,
I’m sure I heard his echo
in my baby’s new born tears,
I just wish I could have told him
in the living years.

Say it loud, say it clear,
you can listen as well as you hear,
it’s too late when we die
to admit we don’t see eye to eye.

Say it loud, say it clear...

Cada generación
culpa a la anterior,
y todas sus frustraciones
vienen golpeando a tu puerta.

Sé que soy un prisionero
de todo lo que mi padre mantenía tan querido,
sé que soy un rehén
de todas sus esperanzas y miedos,
si yo le hubiera hablado
en los años de vida.

Pedacitos de papel arrugados,
llenos de ideas defectuosas,
conversaciones forzadas,
me temo que es todo lo que tenemos.

Dices que no puedes verlo,
él dice que tiene perfecto sentido,
tú no puedes estar de acuerdo
en este tiempo presente,
todos hablamos un idioma diferente,
defendiéndonos.

Dilo alto, dilo claro,
tú puedes escuchar tan bien como oyes,
es demasiado tarde cuando morimos
para admitir que no nos vemos cara a cara.

Entonces empezamos una pelea
entre el presente y el pasado,
sólo sacrificamos el futuro,
es la amargura que queda.

Entonces no te rindas a la suerte,
algunas veces ves un destino,
puede ser una nueva perspectiva
en un día diferente,
y si no te rindes,
y no te das por vencido,
puedes estar bien.

Dilo alto, dilo claro,
tú puedes escuchar tan bien como oyes,
es demasiado tarde cuando morimos
para admitir que no nos vemos cara a cara.

No estaba allí esa mañana
en que mi padre murió,
no pude decirle
todas las cosas que tenía que decir.

Creo que conseguí ver su espíritu
más tarde ese mismo año,
estoy seguro que oí su eco
en las lágrimas de mi hijo recién nacido,
si yo le hubiera hablado
en los años de vida.

Dilo alto, dilo claro,
tú puedes escuchar tan bien como oyes,
es demasiado tarde cuando morimos
para admitir que no nos vemos cara a cara.

Dilo alto, dilo claro...

Mitad tú mitad yo

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Los Paladines
Mitad tú mitad yo

Quiero ver jugueteando
por las piezas y patios,
un muñeco de carne,
mitad tú, mitad yo,
que lleve en sus cabellos
el color de tu pelo,
y en sus ojos de cielo
la mirada piadosa
que Dios te regaló.

Quiero ver jugueteando
ahora, siempre y por vida,
un muñeco de carne,
mitad tú, mitad yo,
que lleve en sus mejillas
la seda de tus besos,
y en su boca el perfume,
en su boca el perfume
que tu seno le dió.

Quiero ver que me busca,
quiero ver que me espera,
quiero sentir su abrazo
cuando me vea llegar,
quiero me diga cosas,
y me cuente mentiras,
quiero que me consuele
cuando me vea llorar.

Quiero después morirme,
sabiendo que te queda
un muñeco de carne,
mitad tú, mitad yo,
que lleve en sus cabellos
el color de tu pelo,
y en sus ojos de cielo
la mirada piadosa
que Dios te regaló.

Quiero ver que me busca,
quiero ver que me espera,
quiero sentir su abrazo
cuando me vea llegar,
quiero me diga cosas,
y me cuente mentiras,
quiero que me consuele
cuando me vea llorar.

Quiero después morirme,
sabiendo que te queda
un muñeco de carne,
mitad tú, mitad yo.

Confessions of a broken heart

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Lindsay Lohan
Confessions of a broken heart

I wait for the postman to bring me a letter,
and I wait for the good Lord
to make me feel better,
and I carry the weight
of the world on my shoulders,
a family in crisis that only grows older.

Why you have to go?
Why you have to go?
Why you have to go?

Daughter to father,
daughter to father,
I am broken, but I am hoping,
daughter to father,
daughter to father,
I am crying,
a part of me is dying and
these are, these are,
the confessions of a broken heart.

I wear all your old clothes,
your polo sweater,
I dream of another you,
the one who would never,
never leave me alone,
to pick up the pieces,
a daddy to hold me,
that’s what I needed.

So, why you have to go?
Why you have to go?
Why you have to go?

Daughter to father,
daughter to father,
I don’t know you,
but I still want to,
daughter to father,
daughter to father,
tell me the truth,
did you ever love me?
cause these are, these are,
the confessions of a broken heart,
of a broken heart.

I love you,
I love you,
I love you,
I....!!!!!
I love you!!

Daughter to father,
daughter to father,
I don’t know you,
but I still want to,
daughter to father,
daughter to father,
tell me the truth,
did you ever love me?
did you ever love me?
these are...
the confessions...
of a broken heart.

Oh, yeah,

I wait for the postman to bring me a letter.

Espero que el cartero me traiga tu carta,
y espero que el buen Dios
me haga sentir mejor,
y llevo el peso
del mundo en mis hombros,
una familia en crisis que sólo se hace mayor.

¿Por qué tienes que irte?
¿Por qué tienes que irte?
¿Por qué tienes que irte?

Hija a padre,
hija a padre,
estoy rota, pero tengo esperanza,
hija a padre,
hija a padre,
estoy llorando,
una parte de mí se muere y
estas son, estas son,
las confesiones de un corazón roto.

Uso toda tu ropa vieja,
tu suéter polar,
y sueño en otro como tú,
aquel que nunca,
nunca me deje sola,
para recoger los pedazos,
un papá para abrazarme,
eso es lo que necesité.

Así que, ¿por qué tienes que irte?
¿Por qué tienes que irte?
¿Por qué tienes que irte?

Hija a padre,
hija a padre,
no te conozco,
pero todavía te quiero,
hija a padre,
hija a padre,
dime la verdad,
¿alguna vez me amaste?
porque estas son, estas son,
las confesiones de un corazón roto,
de un corazón roto.

Yo te amo,
yo te amo,
yo te amo,
yo....!!!!!!!
te amo!!

Hija a padre,
hija a padre,
no te conozco,
pero todavía te quiero,
hija a padre,
hija a padre,
dime la verdad,
¿alguna vez me amaste?
¿alguna vez me amaste?
estas son...
las confesiones...
de un corazón roto.

Oh, sí,

espero que el cartero me traiga tu carta.

La meta de mi viaje

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Laura Pausini
La meta de mi viaje

Con tus besos despertábamos,
tú dormías mientras Silvia y yo,
íbamos a aquella escuela que
nos decías "vais para aprender".

Y a vivir nos enseñabas tú,
cada día más aún,
con tus ojos llenos de ese amor
por dos hijas locas de ilusión.

Qué no haría yo
porque el tiempo no se fuera, no.

He aprendido a cantar por ti, lo sé,
en las noches de estío en el café,
he adquirido mi coraje,
y he encontrado el camino y la alegría
de tu fuerza y de tu melancolía,
de tu imagen, de tu instante.

En las fiestas no te vi jamás,
las pasamos siempre con mamá,
el trabajo te alejaba un día
y tu soledad la hacía mía.

Qué no haría yo
para darte el tiempo que pasó.

He aprendido a entregarme como tú,
arriesgándolo todo y más aún,
he aprendido tu coraje,
y he entendido tus típicas manías,
que ahora son para mí tu gran virtud,
pues la meta de mi viaje eres tú.

Y es así,
soy como tú,
siempre algo más,
cada sonrisa y cada lágrima.

He adquirido tu coraje,
y he aprendido a saber en quién confiar,
en la vida yo sigo sin dudar,
mi camino en este viaje por ti,
junto a ti,
he adquirido mi coraje.

Me despierto en casa cada día,
pienso en cuando ayer no te tenía,
y también en qué podría hacer,
para darte el tiempo que se fue.

Yo también tuve quince años

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José Luis Perales
Yo también tuve quince años

Escúchame,
yo también tuve quince años,
escúchame,
se me escaparon de las manos,
y ya lo ves,
estoy rozando los cuarenta,
pero he buscado unos minutos
para ti.

Puedes decir que no,
que tus problemas no me importan,
pero no es verdad,
yo fui también así,
rebelde como tú.

Tienes un presente, vívelo,
eres el futuro y creo en ti,
eres la respuesta y la consecuencia del amor,
tienes el fuego, cuídate de él, cuídate.

Tienes unas manos que llenar,
tienes un espacio que cubrir,
tienes mil preguntas, la respuesta vive sólo en ti,
tienes un sueño, acarícialo, ve tras él.

Escúchame,
yo también tuve quince años,
escúchame,
se me escaparon tanto sueños,
y ya lo ves,
tú estás a tiempo de intentarlo,
hay tantas cosas que despiertan
para ti.

Puedes decir que no,
que en el esfuerzo no hay futuro,
pero no es verdad,
yo fui también así,
rebelde como tú.

Tienes tantas cosas que aprender,
tienes mil estrellas sobre ti,
abre la ventana, hoy la luna brilla para ti,
debes creerme, dime que es verdad, dímelo.

Tienes un presente, vívelo,
eres el futuro y creo en ti,
eres la respuesta y la consecuencia del amor,
tienes el fuego, cuídate de él, cuídate.

Cómo ha pasado el tiempo

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José Luis Perales
Cómo ha pasado el tiempo

Cómo ha pasado el tiempo,
parece que fue ayer cuando jugaban
a hacer castillos en la arena
y una cabaña en aquel árbol del jardín,
chapoteando el agua
de los charcos formados por la lluvia,
pasando el tiempo sin prisas.

Cómo ha pasado el tiempo,
parece que fue ayer cuando lloraban
en su primer día de escuela,
y en su primer castigo sin televisión.
Cómo ha volado el tiempo,
de su primer paseo en bicicleta
por esas calles desiertas.

Un día, como alegres golondrinas,
se irán volando por cualquier ventana,
a descubrir del río la otra orilla,
y a conocer del mundo la otra cara,
dirán adios a la inocencia
cuando amanezca su mañana.

Cómo ha pasado el tiempo,
parece que fue ayer cuando jugaban
a hacer volar esas cometas
por ese cielo azul con nubes de algodón,
librando mil batallas
con la nieve cuajada del invierno,
llenando el aire de fiesta.

Un día le dirán adiós a todo,
y llenarán de sueños su equipaje,
tendrán su libertad para vivirla,
y toda una aventura por delante.

Un día, como alegres golondrinas,
se irán volando por cualquier ventana,
a descubrir del río la otra orilla,
y a conocer del mundo la otra cara,
dirán adiós a la inocencia
cuando amanezca su mañana.

Cómo ha pasado el tiempo...

A mi padre

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José Luis Perales
A mi padre

Tiene el andar cansado, y a sus espaldas
sesenta y tantos años de esperanza,
tiene una casa
verdugo de sus manos y sus espaldas.

Cuando amanece el día camina y canta,
buscando de la tierra en las entrañas
el pan caliente,
milagro que realiza cada mañana.

Es aprendiz de todo, maestro en nada,
es poeta a su modo, le gusta el alba,
y entre sus manos,
y entre sus manos
florecen a escondidas algunas llagas.

Tiene cansado el cuerpo, cansada el alma,
tiene un interrogante sobre su cara,
tiene un camino,
tiene un camino,
le gusta ser amigo de sus amigos.

Quiso cambiar su vida, dejar la aldea,
mas no pasó de ser una quimera,
una quimera
que se quedó dormida entre la tierra.

Tiene cansado el cuerpo, cansada el alma,
luce sobre su pecho camisa blanca,
con su mirada,
con su mirada,
me dice que la vida
no vale nada.

Esos locos bajitos

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Joan Manuel Serrat
Esos locos bajitos

A menudo los hijos se nos parecen,
así nos dan la primera satisfacción;
esos que se menean con nuestros gestos,
echando mano a cuanto hay a su alrededor.

Esos locos bajitos que se incorporan
con los ojos abiertos de par en par,
sin respeto al horario ni a las costumbres,
y a los que, por su bien, hay que domesticar.

Niño,
deja ya de joder con la pelota,
niño,
que eso no se dice,
que eso no se hace,
que eso no se toca.

Cargan con nuestros dioses y nuestro idioma,
nuestros rencores y nuestro porvenir,
por eso nos parece que son de goma,
y que les bastan nuestros cuentos para dormir.

Nos empeñamos en dirigir sus vidas,
sin saber el oficio y sin vocación,
les vamos trasmitiendo nuestras frustraciones,
con la leche templada y en cada canción.

Niño,
deja ya de joder con la pelota,
niño,
que eso no se dice,
que eso no se hace,
que eso no se toca.

Nada ni nadie puede impedir que sufran,
que las agujas avancen en el reloj,
que decidan por ellos, que se equivoquen,
que crezcan y que un día nos digan adiós.

No basta

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Franco de Vita
No basta

No basta
traerlos al mundo porque es obligatorio,
porque son la base del matrimonio,
o porque te equivocaste en la cuenta.

No basta
con llevarlos a la escuela a que aprendan,
porque la vida cada vez es más dura,
ser lo que tu padre no pudo ser.

No basta,
que de afecto tú le has dado bien poco,
todo por culpa del maldito trabajo
y del tiempo.

No basta,
porque cuando quiso hablar de un problema,
tú le dijiste "niño, será mañana,
es muy tarde, estoy cansado".

No basta
comprarle todo lo que quiso comprarse,
el auto nuevo antes de graduarse,
que viviera lo que tú no has vivido.

No basta
con creerse un padre excelente,
porque eso te dice la gente:
"a tus hijos nunca les falta nada".

No basta,
porque cuando quiso hablarte de sexo,
se te subieron los colores al rostro,
y te fuiste.

No basta,
porque de haber tenido un problema,
lo habría resuelto comprando en la esquina
lo que había, lo que había.

No basta
con comprarle curiosos objetos,
no basta,
cuando lo que necesita es afecto,
aprender a dar valor a las cosas,
porque tú no le serás eterno.

No basta
castigarlo por haber llegado tarde,
si no has caído, ya tu chico es un hombre,
ahora más alto y más fuerte que tú,
que tú.

No basta, no basta, no basta...

Llora el teléfono


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Domenico Modugno
Llora el teléfono

Diga...

Escucha, ¿mamá está ahí?
Corre y dile: "Mama,
ven, es para ti."

¡Ah! es el señor de la otra vez.
Espera, voy a llamarla,
me parece que está en el baño,
y no sé si podrá venir.

Dile, por favor,
que es muy importante,
que te oiga yo.

Oye, ¿tú le has hecho algo a mi mamá?
Ella me hace siempre señas,
y me dice siempre bajito:
"dile que no estoy."

Y dime, ¿tu casa cómo es?
¿te gusta ir al cole?
¿sabes ya leer?

Sí, pero cuando mamá trabaja
me lleva al cole la vecina.
Mamá me firma el cuaderno de notas,
a las otras se lo firma su papá, a mí no.

Dile, que triste estoy
desde hace ya seis años,
los mismos que tú tienes hoy.

No, no, yo tengo cinco años, pero di,
¿tú conocías antes a mi mamá?
Ella nunca me habla de ti.
Espera, ¿eh?

Llora el teléfono
si ella no está,
el grito de mi amor
se muere en el auricular,
llora el téléfono,
no cuelgues, por favor,
qué cerca estoy de ti
con nuestra voz.

En Julio ¿verdad que vas a estar
en el hotel Riviera?
¿te gusta el mar?

-Oh, sí, y me gusta mucho bañarme,
y ya sé nadar, pero di,
¿cómo conoces tú el hotel Riviera?
¿has estado allí alguna vez?

Que se sepa mi dolor,
y que mi vida sois vosotras dos.

¿Tú nos quieres?
pero si yo nunca te he visto a ti,
¿qué te pasa?
¿por qué has cambiaste de voz?
¿estás llorando? ¿por qué?

Llora el teléfono
si ella no está,
el grito de mi amor
se muere en el auricular,
llora el téléfono,
no cuelgues, por favor,
qué cerca estoy de ti
con nuestra voz.

Oye, escúchame,
llora el teléfono
la última vez, porque,
porque mañana,
yo me marcharé.

Dile que venga,
oye, se va.
Vamos, insiste.
Ya se marchó.
Si se ha marchado,
ya déjalo.

Adiós, señor.
Adios, nenita.

Hijo, yo te quiero

http://anaferra.com/Letras/LetrasA/Alfonso_Pahino-Hijo_yo_te_quiero.wav
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Alfonso Pahíno
Hijo, yo te quiero

Tengo que decirte la verdad,
hijo, te he de hablar,
yo no sé si vas a comprender,
pero lo intentaré.

Sólo seis añitos tienes hoy,
cómo te diré,
lágrimas me caen del corazón,
que otro padre ocupará
el lugar que dejaré...

Hijo, yo te dejo,
pero no me olvides nunca, por favor,
cuida de tu madre,
dale tú el cariño de los dos.

Hijo, yo te quiero,
ya no volveremos juntos a reír,
guarda mi recuerdo,
sé tú el hombre que esperé
siempre de ti.

Algún día tú sabrás por qué
ahora yo me iré,
ojalá que seas muy feliz,
y que no sufras jamás
el dolor que siento en mí.

Hijo, yo te dejo,
pero no me olvides nunca, por favor,
cuida de tu madre,
dale tú el cariño de los dos.

Hijo, yo te quiero,
ya no volveremos juntos a reír,
guarda mi recuerdo,
sé tú el hombre que esperé
siempre de ti.

Hijo, yo te quiero,
hijo, yo te quiero…

¿Qué es un papá?

¿QUÉ ES UN PAPÁ?


Un papá, lo que se llama papá, es un superhombre, porque puede responder con prontitud una pregunta sobre Biología, seguida de una de Matemáticas. Es un súper héroe que se disfraza de Superman y se desvela esperando que sus hijos regresen de la fiesta.

Un papá es una combinación extraña de razón y sentimientos, es el que sabe decir no cuando es lo justo y sabe decir sí cuando es lo conveniente.

Un papá zapatea duro cuando cumple con su deber y anda de puntillas en la noche cobijando cuerpitos fríos. Es el único de la casa que persigue un ratón hasta atraparlo, así se muera de miedo por dentro.

Un papá es un higo que parece duro por fuera y es puro dulce en su interior, es un director de orquesta, es el constructor de un nido, es el maestro de la escuela de la vida. Los papás tienen la billetera llena de fotos, de tarjetas, de teléfonos, de citas, de compromisos, menos de dinero.

Un papá tiene mucho de mamá aunque tenga cuerpo de hombre. Si hay que cambiar pañales, los cambia, cuando el hijo llora, él es el refugio, cuando el hijo ríe, él es la compañía.

Ser papá es jugar en la vida el papel de rey, no de un reino; sino del amor, la comprensión y la razón.

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